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Con la misma naturalidad con la que las criaturas cada día descubren nuevos detalles en el mundo y aprenden a nombrarlos, en este cuento descubrimos el cuerpo y le ponemos palabras. Las personas adultas acompañamos el descubrimiento cuando explicamos que cada cosa tiene su nombre y que hay un nombre para cada cosa.

Un cuento sencillo, didáctico, pedagógico, revelador y reconciliador. Escrito para quienes quieren explicarse y les faltan palabras. Y para las criaturas que “todo” lo quieren saber. Para las y los adolescentes que buscan personas a las que poder preguntar con confianza, y respuestas claras y sinceras.

Un cuento que nos muestra partes del cuerpo a las cuales muchas veces nos referimos con eufemismos, en lugar de nombrar con alegría, respeto y confianza, la vulva, el clítoris, el himen, el pene, el glande…

Un cuento que, dado el silencio y los tabús que hay en torno a la genitalidad, debería tener un sitio en cada casa y en cada familia.

Descubriendo el cuerpo, sembrando palabras

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